La zona de Musllera, situada a orillas de la ría de Villaviciosa, forma parte de los llamados porreos, terrenos ganados al mar mediante diques y canales de desecación. Estos porreos comenzaron a construirse en el siglo XIX, aunque algunos se remontan incluso al XVIII, y durante décadas se usaron como prados de siega y tierras de cultivo.
El Porreo de Musllera fue uno de los más extensos del estuario. En él se levantaron infraestructuras hidráulicas para mantener el terreno seco, como compuertas y, más tarde, estaciones de bombeo. Todavía hoy funciona la estación de bombeo de Musllera, vinculada al saneamiento de Villaviciosa.
Con el paso del tiempo, parte de los diques se rompieron (a finales del siglo XX y principios del XXI), lo que provocó que la marisma regresara poco a poco a la zona. Ese proceso de inundación natural ha favorecido el regreso de aves acuáticas y especies propias de humedales.
Actualmente, Musllera es un ejemplo de la transformación de los porreos: de tierras agrícolas a espacio natural en recuperación, dentro de la Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa. Pasear por este entorno permite entender la relación histórica entre el hombre y la ría, y disfrutar de un paisaje donde conviven restos de ingeniería hidráulica con la biodiversidad recuperada.
En la entrada a Villaviciosa desde Gijón, junto a Casa Espuncia, se conserva un antiguo mojón kilométrico de la carretera N-632, con la inscripción “Ribadesella – Km 40”.
Estos hitos de piedra formaban parte de la señalización tradicional de las carreteras nacionales desde mediados del siglo XX. Eran fabricados en hormigón o piedra, pintados en blanco y con la cabeza en rojo, indicando la distancia en kilómetros respecto a un punto de referencia de la vía, en este caso Ribadesella.
El mojón de Casa Espuncia marca el PK 40 de la N-632, justo después de la zona de Muslera y antes de llegar al núcleo urbano de Villaviciosa. Aunque hoy en día muchos de estos mojones han desaparecido o han sido sustituidos por señales modernas, este se mantiene en pie como un pequeño testimonio de la historia de las carreteras asturianas.
Además de su valor práctico en su momento, hoy se ha convertido en un detalle curioso para los caminantes y cicloturistas que recorren la comarca de la sidra.



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