Vuelos de águila sobre la torre de los Valdes

 

La villa de Salas, situada en el valle del río Nonaya, tiene su origen en la Edad Media, cuando se le concedió una Carta Puebla hacia 1270, bajo el reinado de Alfonso X el Sabio. Esta carta fundacional impulsó el desarrollo urbano y comercial de la villa, que nació como núcleo estratégico entre los señoríos de la zona y las rutas del Camino de Santiago Primitivo. Sin embargo, la presencia humana y el poder feudal en Salas son anteriores, pues ya en el siglo XII la reina Urraca de León había donado un castillo en estas tierras al conde Suero Bermúdez, señal de la temprana importancia militar y señorial del lugar. Con el tiempo, Salas se consolidó como un enclave defensivo y comercial, rodeado de un rico patrimonio rural y religioso.




La Torre de la Villa de Salas, también conocida como Torre de los Valdés, se levantó en el siglo XIV como símbolo del poder nobiliario y como estructura defensiva del linaje que dominaba la zona. De planta cuadrada y muros de piedra labrada, cuenta con tres plantas y un sótano, conectadas por una escalera de caracol, y conserva elementos típicos de la arquitectura militar medieval, como saeteras, matacanes y almenas. Su aspecto sobrio y robusto refleja su función original de vigilancia y refugio. A lo largo de los siglos, la torre sufrió diversas restauraciones, especialmente tras los daños causados por la riada de 1959, y hoy alberga el Museo Prerrománico de San Martín, conservando en su interior importantes piezas de arte altomedieval asturiano.



En los valles donde el Nonaya canta,

los señores alzaron torres y almenas,

y entre piedras y muros, el viento espanta

el eco de antiguas gestas y escenas.


Altas vuelan águilas, reinas del cielo,

sobre majadas verdes y picos sombríos,

y en las sombras del bosque, el acero y el yelmo

de caballeros guardan secretos bravíos.


Salas, villa de historia y de rencor,

con su torre erguida como un fiero vigía,

vigila el paso de amigo y traidor,

y en cada saetera resuena la poesía.


Que el juglar entone historias de antaño,

de linajes, mazmorras y vuelos audaces,

y quien pase por la villa recuerde el año

en que la torre y los hombres tejieron sus enlaces.



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